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HomeUncategorizedPor fuera de la raya
Quise mandarte flores y las pinté en un cuadro, acrílico, acuarela y tinta china sobre papel de Juanjo Ortubia

Por fuera de la raya

Sobre el electricista que pinta, el niño que dibujó mal y el jardín que me estoy inventando

Mucha gente piensa que lo mío fue un cambio de vida limpio: electricista un día, artista al siguiente. La realidad es más sencilla: sigo siendo electricista. Tengo mi empresa, y ese trabajo me da de comer mientras voy haciendo el camino hacia el arte. Lo que casi nadie sabe es por qué tardé tanto en decidirme.

El niño y la raya

De pequeño me llevaron a un museo a ver una exposición de expresionismo abstracto. Al volver pinté por fuera de la raya, como lo que acababa de ver, y delante de toda la clase me dijeron que aquello era una chapuza. Se me quedó grabado. Durante años creí que el arte no era para mí.

Hacia los treinta decidí ser artista, y tuve que reconciliarme con aquel niño. Fue volver al papel, a la tinta y al color, poco a poco, sin que nadie me mirara. Hoy, por fuera de la raya es justo donde trabajo: abstracción y expresionismo, el mismo lenguaje por el que me humillaron. Creo que es mi forma de decirle que no se equivocó.

Lo que me enseñaron Tàpies y Manolo Millares

Más que una experiencia concreta, lo que me marcó fue leer a Tàpies y descubrir a Manolo Millares. En ellos vi que la materia podía ser el contenido de la obra y no solo su soporte: que una superficie rasgada, un muro, un tejido o una cicatriz podían decir tanto como una figura. Entendí que lo que yo buscaba de niño tenía un camino abierto. No pretendo imitarlos, sino continuar una conversación que ellos empezaron, desde mi mirada y desde mi tiempo.

También me han formado dos lugares: el Guggenheim, que forma parte del paisaje de Bilbao, y la naturaleza. El museo me enseñó que el arte podía ser enorme, físico, capaz de hacerte sentir pequeño y vivo a la vez. Y los montes, los árboles, los acantilados y el mar están siempre detrás de mis manchas y mis líneas. No los pinto tal cual, pero los llevo dentro.

Expresionismo gráfico

Trabajo con óleo, espátula y barra, y con grabado: xilografía, carborundum, monotipo. A esa mezcla la llamo «expresionismo gráfico»: la gestualidad del expresionismo con la huella y la estructura del grabado. Me atrae que la materia me responda, que no sea del todo controlable, y que en esa pelea aparezca algo que yo solo no habría pensado. Hay algo muy corporal en pasar por el tórculo y levantar el papel para ver qué ha salido.

Entre la negrura y la luz

No decido el equilibrio de antemano, pasa mientras trabajo. Suelo empezar por la parte oscura: la tinta china, los negros, el gesto brusco. Ahí pongo lo que me pesa. Luego casi siempre siento que algo falta, y entra el color, que se cuela entre los negros. No lo busco como adorno, sino porque la oscuridad sola no me parece verdad.

Una obra que lo cuenta bien es Quise mandarte flores y las pinté en un cuadro. Está hecha sobre un papel rescatado de la DANA de Valencia, con arrugas y restos de barro. Podría haberlos escondido y no quise: dejé que el barro formara parte, y encima puse flores. Para mí eso es esperanza: no tapar lo que ha pasado, sino hacer algo bello encima. Los árboles, que pinto casi como retratos, y los rojos que aparecen entre los negros van en la misma dirección: lo oscuro y lo vivo conviven, en la misma estación y hasta en el mismo tronco.

Lo que tengo entre manos

Ahora mismo lo que más me entusiasma es el jardín: un jardín imaginado, con rosas, malas hierbas y flores que me invento. Nada en él es decorativo. Las malas hierbas pesan tanto como las rosas. Forma parte de una serie más amplia, Jardín de los Primeros Hombres, que nació de releer el Génesis y que incluye una edición de serigrafías sobre el Edén. Desde mediados de octubre enseño parte de ese trabajo en Espacio Punto Nemo.

Sigo también con mis libros de artista, que empecé en 2024 y a los que añado piezas poco a poco: lo más íntimo que hago, un cuaderno donde no tengo que demostrar nada a nadie. Y del 4 al 7 de marzo de 2027 estaré en Artist 360, en Madrid, durante la Semana del Arte, con un stand pequeño y obra de mediano y gran formato. Me hace mucha ilusión ver cómo responde la gente a mi trabajo en directo, sin pantallas de por medio.

Lo que sueño

Sueño con que alguien se pare delante de una de mis obras y, por un momento, se sienta menos solo con lo que lleva dentro. No pretendo cambiar el mundo con un cuadro, pero sí creo que el arte puede reparar algo pequeño: una grieta, un cansancio, un recuerdo que duele. Reparar no es borrar, es dejar que la cicatriz forme parte.

Sobre el legado, no pienso en monumentos. Me gustaría que mis piezas acabaran en casas donde se miren a diario. Y, ojalá, que algún niño o niña a quien le hayan dicho que pinta mal vea mi trabajo y se atreva a salirse de la raya.

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